Hace unos días visitamos Pedernales por gentil invitación del senador Dionis Sánchez. El camino es largo pero se hace corto con la belleza de los paisajes, sobretodo los que dominan la vista luego de llegar a Barahona. Villa Miriam, San Rafael, Los Patos, Enriquillo y la Laguna de Oviedo, hacen del trayecto una experiencia gratificante.
Ya en esa provincia pudimos constatar algunas cosas. Por un lado un pueblo bonito, organizado, limpio y con un aspecto que dista mucho de la imagen que muchos pudieran tener, de que, tal vez por la distancia, es una especie de pueblo fantasma. Pedernales es pobre, muy pobre, pero sobretodo deja en el visitante una sensación de absoluta desesperanza y de falta de oportunidades.
La gente que allí reside se pasa la mayor parte del día en los parques o en los calles, buscando que hacer, regularmente sin encontrar. Los empleos escasean, y la mayoría de los que trabajan lo hacen en el Estado o en los pocos comercios que permanecen operando. Dependen fundamentalmente del dinero de las remesas, y no sólo de las internacionales, sino también nacionales, porque la verdad es que los si pedernalenses quieren trabajar y progresar, están obligados a emigrar.
Pero al mismo tiempo pudimos conocer parte de las bellezas naturales de este lejano rincón de la República. Y ahí si es verdad que uno se molesta. Y no porque el Hoyo del Pelempito, Bahía de las Aguilas, Cabo Rojo y toda la costa desde ese punto hasta el municipio cabecera sean desagradables a la vista. Todo lo contrario. Al conocer estos lugares se llega a la conclusión de que Pedernales es espectacular, y con una enorme potencialidad para el desarrollo turístico. Y es eso precisamente es lo que irrita.
Que tanta pobreza deba convivir con tanto potencial no explotado. Y lo peor es que el inicio de la solución ese problema esta en las manos de las autoridades. Un proyecto turístico en Cabo Rojo, que no toca absolutamente ninguna zona protegida, sólo espera la decisión del Presidente sobre el usufructo por parte de Cemento Andino de un campamento propiedad del Estado dominicano. 850 millones de dólares que cambiarían definitivamente la dinámica económica, no de Pedernales, sino de toda la región, sólo esperan porque una empresa que prácticamente no produce cemento y que por lo tanto casi no tiene empleados, devuelva al Estado unos terrenos y unas edificaciones que no le pertenecen.
Fuente: Listin Diario
Etiquetas: pedernales
Compartir
-
▶ Responde a esto